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TRANSMUTACIÓN FEMENINA

  • Foto del escritor: gildayanes.ofc
    gildayanes.ofc
  • 8 mar 2024
  • 3 min de lectura

Tal vez hoy es el año. Una mujer extraordinaria, pegadita a mi corazón, me recordó ayer que a veces nuestra alma asume proezas para seguir a nuestro clan como ovejas de sacrificio o al contrario, para separarnos de estados autodestructivos. Estos pueden generarse a partir de experiencias dolorosas transformadas en mandatos para las próximas generaciones como una forma de protección del clan, aunque en la realidad nos vayan aniquilando; en este caso, a través de sus miembros femeninos.


En el segundo caso planteado hablamos de transmutación, de metanoia. ¿Y cómo hacerlo sin que seamos vistas como infieles al clan? Nosotras, que enseñamos a hablar a nuestros hijos, sobrinos e hijos de nuestras amigas perpetuando la tradición, las creencias, el orden. Nosotras, que acogemos y permitimos a nuestros nietos lo que no perdonamos a nuestros hijos como garantía de amor. Nosotras, para quienes nuestros hombres son como niños emocionalmente, cargando con todo el sistema encima como si fuéramos indispensables e indestructibles.


Tengo más inquietudes y cada vez encuentro respuestas más profundas, diversas. Mis hijas también se hacen las suyas, cada una a su manera, tomando decisiones que incluso, a veces, no han sido bien vistas por mí. Y mientras escribo, tengo un peso terrible en el occipital; seguramente al terminar esto, "googlearé" para ver qué significa en mí. Las ganas de llorar se agolpan en mi nariz y se quedan allí, porque si me suelto no podré organizar mis ideas, entender, sacar, ordenar y escribir.


Hoy, lejos físicamente de las mujeres que dignamente me han antecedido, me doy el espacio para proseguir con un nuevo orden: la transmutación de mis espejismos y verme con más claridad, conectada y también despegada de las mujeres que Dios me ha permitido gestar, cuidar y soltar. Y siento como sigue el movimiento del clan en mi cabeza y mi corazón; veo cómo se van recolocando las piezas y cada quien va ocupando un lugar diferente, no tan claro como esperaría pero más suyo, incluso yo. ¿Cómo lo sé? Porque el alma me pidió orden, actué en consecuencia y en la conmoción emocional que esto me ha generado, siento paz. Menos control, más libertad.


No significa que todo esté perfecto en el clan, sino que aún con los propios desajustes, cada quien se va encargando de sí mismo y asumiendo las consecuencias de lo que desea, necesita y hace. Hoy, en la conmemoración del día en que a fuego, siglos atrás, se transmutaron las voces y limitaciones de mujeres luchadoras, es propicio recordar que un nuevo orden social, inicia siempre en nuestro corazón. La metanoia interna provoca cambios afuera y por eso no debemos esperar, más sí agradecer, el reconocimiento de otros para valorar cada estado de conciencia, cada despertar.


No hay mayor proeza que comprometernos con el reconocimiento y valoración de nuestra esencia desde un amor con aceptación plena; colgando con respeto aquello que nos compartieron en el clan que funcionó para uno o algunos, pero no para todos. Honra hoy a tus ancestros y supervivientes mujeres, que han hecho lo que supieron y pudieron con y por amor, uno que no es como el nuestro. Mira hacia atrás y luego hacia adentro y las veras a todas, acompañándote con mucho orgullo por venir de ellas y tener la valentía de hacerlo diferente en cada nuevo presente. También a los hombres que las acompañaron. Así dejarás el camino más despejado para las nuevas generaciones y te darás el permiso de inspirar a los hombres del clan para amarnos como somos y sin condición.

 
 
 

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