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SOMOS LO QUE SOMOS

  • Foto del escritor: gildayanes.ofc
    gildayanes.ofc
  • 27 ene 2024
  • 5 min de lectura

Parafraseando a Heidegger, un filósofo alemán del siglo XX, comparto esta frase: “mientras somos, al mismo tiempo hemos sido”. Habla de una realidad profunda que me disparó de inmediato algunas ideas sobre la vida, la muerte y el gran poder de la mente. Me hizo pensar que efectivamente, en cada presente vivido, estamos conviviendo con nuestros “yo” temporalmente anteriores, cientos, miles de ellos. Aunque no los recordemos ni nos demos cuenta, siguen actuando en el presente de alguna forma, renovando sus facetas.


Tal vez, por esa actualización, nos sentimos tan diferentes de manera patente. Cuando modificamos o dejamos morir intencionadamente cualquier aspecto de nuestro ser, ya sea un hábito, creencia o sentimiento. Nos percibimos como otra persona y hasta lo decimos o lo escuchamos de otros. En realidad, somos diferentes, aunque haya otros aspectos que permanezcan aparentemente igual en nuestra estructura psíquica profunda, ya sea que nos sintamos mejor o peor que antes.


Por otro lado, también podemos querer seguir igual o sentir que somos los mismos, pues nuestra mente nos protege de las sensaciones de inestabilidad como un mecanismo de preservación de la energía, de la vida, para evitar lo que considera riesgoso, peligroso. Por eso, algunas veces, se resiste. Nos asusta la inminencia del cambio necesario para vivir mejor. Sin embargo, también nos renovamos sin darnos cuenta; hasta la mente transforma los recuerdos según la necesidad de resguardo presente. Indefectiblemente, cada día nos transformamos, tengamos conciencia de ello o no, lo hallamos decidido o no, en todas nuestras dimensiones, a niveles diferentes.


Así que no podemos dejar de cumplir los mandatos naturales: la renovación de nuestras células; el crecimiento y desarrollo de mente, cuerpo, emociones y espíritu; la necesidad del ser de querer evolucionar, adaptarse y tener éxito, de ser aceptado y crear, para lo que es imprescindible explorar y aprender, cambiar, socializar con nuevos grupos y sanar para evitar la exclusión y las limitaciones de oportunidades; ponernos más atención y conocernos; desarrollar una vida trascendente que de sentido y motivación para sostener la vida; establecer y acrecentar una relación personal y grupal con aquello que sustenta la vida, en lo que creemos y responde cuando percibimos o estamos en plenitud y en el límite, dándonos el sostén en todos los órdenes para seguir adelante, aún en el dolor del cambio y lo desconocido: Dios, para mí.


Esto y más, naturalmente, nos pone en el camino de preservar la vida por más tiempo y con proyección al mayor bienestar; aunque nuestra mente interprete las señales de las experiencias vividas, de forma que nos lleve a una existencia no tan plena como quisiéramos.


"...seguimos muriendo y naciendo simultáneamente cada segundo."

Por ello, a veces vegetamos y nos sentimos estacionados en un trabajo que no nos gusta, en una relación que no funciona o en una actitud tóxica. Son factores que nos limitan y alejan de las oportunidades para lograr mayor bienestar, felicidad y expansión. Seguimos muriendo y naciendo simultáneamente cada



segundo, por no decir una menor unidad de tiempo.  Como cada quien tiene su ritmo interno con el que mide la velocidad de los cambios y su nivel donde se percibe paralizado, podemos llegar a vivir la fantasía de quedarnos igual y darnos el tupé de sentirnos aburridos y fracasados. Como si no hubiésemos hecho cosa alguna para llegar hasta esa posición.



"...la capacidad de cambio y evolución la tenemos solo por ser seres humanos y estar vivos..."


Justamente, por esa necesidad natural de cambio, nos sentimos frustrados y molestos con nosotros mismos; y hasta se nos puede ocurrir la idea de dejarlo todo, así como está. Sin darnos cuenta que la capacidad de cambio y evolución la tenemos solo por ser seres humanos y estar vivos; qué decir de las cualidades particulares que nos dan a cada uno ese “yo no sé qué, pero es buenísimo”.


Por otra parte, puede haber percepciones más extremas: sentirnos como muertos en vida, enterrados. Incluso nuestro entorno inmediato lo adaptamos como un reflejo de este sentimiento. ¿Has entrado alguna vez a una casa que parezca un mausoleo?, ¿a un cuarto que parezca una cueva?, ¿a un lugar obscuro, con las ventanas cerradas, como si nada se hubiese movido de allí en años?. El bloqueo emocional por estrés o miedo a la incertidumbre, a perder algo o a que muera algo en nosotros, puede abrumar y dejarnos sin ideas e iniciativa. Refuerza y asienta lo conocido como seguro, apegándonos también a una forma de ser, a ciertas cosas, lugares, personas. Esa, es otra forma de morir. Y aunque represente la propia tumba, al mismo tiempo, nuestro ser hala hacia la vida; hacia la transformación de áreas que requieren actualizarse. Porque el desequilibrio es demasiado y corremos el riesgo de colapsar, perdiéndonos a nosotros mismos.


En otras oportunidades, es posible que tengamos la sensación de ahogarnos en el presente, de hundirnos con el fardo de cada momento pasado, como bolsas de arena, que necesita ser soltada y cambiada de forma más drástica, para poder tomar lo nuevo. O tal vez, queramos tomar muchas cosas nuevas sin antes haber soltado las pasadas; y también, esto se siente demasiado pesado. Esto incluye la sensación de ahogo que produce tomar la vida o asuntos de otros en nuestras manos, sin que nos corresponda. Si nos descuidamos, también podríamos dirigirnos hacia caminos que se sienten como la misma muerte.


Hablamos de una enfermedad física, mental, emocional o espiritual que podrían llevarnos con el tiempo a ese lugar. Pero aún allí, como la energía se transforma, tanto el cuerpo como el espíritu seguirán reacomodándose para trascender e integrarse a la vida de otra manera. O eso explica la física cuántica. También la religión, vale decir.


Tal vez pueda mencionar algunos otros planos mentales en los cuales corremos el riesgo de posicionarnos. Pero con estos, tengo para plantear mi argumento. Hacer conscientes estas posturas es muy liberador. Cuando te sientas atascado, recuerda que no lo estás, sigues evolucionando. Ya el mismo estado de conciencia de estarlo es un paso evolutivo. Solo date el chance de tener en tus 24 horas, un espacio diario para revisar el ritmo que llevas, que quieres llevar y también apreciar lo que has recorrido y ganado. Estoy segura de que descubrirás algunos aspectos de ti, de tus relaciones, creencias, hábitos, que debas soltar, renunciar, para estar como tu alma anhela. Y luego, para ocupar su lugar, poner o tomar algunos otros elementos de manera consciente. Es decir, morir y nacer consciente e intencionadamente para estar al ritmo y en el lugar que deseas. Como dice Juan Luis Fiallo Moré: “hay que apropiarse de nuestra propia mismidad”.


Es tan sencillo como suena. pero si no dejas de reconocerte a través tus espacios íntimos, de la diferencia con otros, si usas tus neuronas espejo y vibración energética solo para acoplarte y compararte con la historia de otras personas, jamás te facilitarás la mirada y el enfoque en tu propia historia, movimiento, misión y posibilidades. Una mirada frecuente a lo que te ocurre, responsabilizándote por ello al ordenar, limpiar y hacer las cosas nuevas, es la mejor medicina que puedas tomas cuando se trata de ser la persona que estás destinada a ser, el tiempo que te ocupe.


Que el reloj no te presione, que el ejemplo de otros no te acompleje, sino que te motive y te de información de quién eres y donde estas en el momento presente. Que el amor a ti mismo te permita volver a empezar las veces que sean necesarias porque tienes un camino particular y exclusivo, V.I.P. Esa es la vida, es tu sentido y tu trascendencia, sólo hay un tú dinámico que muere y vive simultáneamente todo el tiempo para depurar su esencia y mostrarse como es. Disfrútalo, todas las posibilidades están allí. Es tu tarea descubrirlas.

 
 
 

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