
¡QUE TE CALLES!
- gildayanes.ofc

- 8 jun 2023
- 4 min de lectura
En mi obligado silencio, decidí teclear la computadora para drenar el estrés generado por el proceso de la operación en mi garganta y sus implicaciones. De repente escuché gritos de niños y me quedé con uno que sobresalía diciendo cosas ininteligibles. Pensé: «¿cómo es posible que alguien grite y no entiendas lo que dice? Me sentí invitada a escudriñar mi conciencia y surgieron otras preguntas: ¿por qué grita? ¿Quién y qué quiere que le oiga? ¿Qué le estará pidiendo? ¿Está jugando o qué?» Porque el grito protagonista de estas letras no recibía respuesta y era algo extraño escucharle en la calle.
Mentalmente retorné en el tiempo. Mi comunidad era otra, bullendo de niños y adolescentes en las horas pico escolares que salían en batalla con la humanidad para intervenir sin permiso en nuestras vidas. Ahora estos sonidos habían desaparecido y por eso los gritos rompían mi concentración y paz; decían cosas diferentes de mi entorno ¿volvíamos a lo conocido? Porque después de las migraciones forzadas y las oleadas de la pandemia, me acostumbré a escuchar otros sonidos como el reguetón escandaloso que colocan los muchachos treintones que emprendieron negocios en la calle de atrás, acompañado de sus gritos de jerga adulta que me exigen otras posturas emocionales; claro, tema para otra reflexión.
Quedándome en estos pensamientos rompió de nuevo en el espacio una voz gruesa de mujer con tono desesperado:
− ¡Que te calles la boca nojoda!
Luego de un corto silencio, los gritos del niño florecen inevitables − recuerdo la incontinencia verbal en mi infancia − para ser correspondidos con un:
− ¡Que te voy a joder!
Me interesó aún más el supuesto diálogo porque algo especial estaba ocurriendo allí sociológicamente. Entonces escuché el grito de otro niño que fue enterrado hasta otra oportunidad por un escandaloso y masculino:
¡Coño, vale, nojoda!
Volví a disfrutar de mi aliado silencio, pero aun así mi mente ya estaba en algo interno que se movía gracias a su proyección en el exterior con el evento que estoy contando.
Como creo que en la vida no hay un cabo suelto porque todos estamos inevitablemente sincronizados en la danza creativa divina, las preguntas empecé a hacérmelas a mí misma. Allí vino el choque. Si por una circunstancia de salud muy fuerte estoy obligada casi a guardar silencio para preservarme ¿qué me está diciendo mi cuerpo en este momento que mi alma grita porque no la escuché, la ofendí o amenacé hasta que se quebró? ¿Qué es lo que necesito escuchar de mí misma de forma amorosa? ¿Qué me molesta de mí? ¿Qué necesito que no me estoy dando? ¿Qué es lo que no me tomo en serio y es profundamente importante? ¿Qué tan novedoso o viejo es lo que no quiero escuchar, ver, sentir, comprender?
Y en este relajo de preguntas conectadas con las primeras hechas a un fenómeno exterior, conecté con recuerdos, frases y sentimientos antiguos acerca de quién creo que soy y para qué soy. No lo negaré; a este despertar de conciencia mi boca se abrió en un llanto largo con tono infantil que no podía escucharse afuera pero sí adentro, donde correspondía poner mi atención hace tiempo ante ciertas cosas. Tuve que callar hacia afuera para escuchar mi interior.
A veces en la vida es así, enseño acerca de esto. Hay quiebres como resultado de posturas autoexigentes de personas que, como yo, deciden tomar una misión de vida dirigida a la sanación propia y de otros seres. Nadie escapa a los espacios ciegos del alma que representan las heridas más importantes y no profundizadas lo suficiente, creyendo que hemos sanado algo que está más allá de lo que nos permitimos hurgar. En momentos como estos entendemos que no es el otro ni afuera; es mi interior e que exige ser mirado en el momento que algo me incomoda o llama la atención.
Ahora te pregunto, cuando esto ocurre: ¿qué haces? ¿Tocas la superficie, reinterpretas, justificas, banalizas? ¿O tomas la decisión de detenerte, palpar y ver cuánto duele y te desestructura lo que crees que ya está firmemente reconstruido? ¿Le haces seguimiento? ¿Aceptas tu fragilidad y el poco control que tienes sobre tu vida? ¿Reconoces que esta mínima seguridad se basa en la conciencia que tienes de cómo te ves, percibes tu lugar y trascendencia en el mundo? ¿Te das cuenta que en la medida que sueltas y te abandonas a este reconocimiento es cada vez más fácil caer y levantarse desde la humildad a la que te invita tu fragilidad? ¿Eres honesto contigo mismo al reconocer el esfuerzo por mantener tus máscaras para ser quien los demás esperan que seas en desmedro de tu propia vida? Importa mucho quién te lo enseñó; pero más allá de eso, importa más que eres tú quien mantiene estas posturas emocionales desgastantes y quien toma la decisión de soltarlas cuando te alejan de ti mismo.
Así como respondí a mis preguntas y que ahondaré en este tiempo fuerte para seguir sanando, te invito a que respondas las tuyas. Esta vida no tiene sentido si no vives desde la profundidad de tu humanidad, desde el espíritu; el que te habla de quien verdaderamente eres y de la importancia de existir en este preciso momento, explicando lo que haces y cómo lo haces. Sobre todo, si en algún momento has sentido o verbalizado que tu vida no es la gran cosa ni dejará algo que valga la pena recordar.
Pienso que la filosofía y las religiones persisten porque como seres humanos necesitamos atrapar estas respuestas existenciales; ambas dan cuenta de que estamos conectados a algo inevitablemente más grande que nos da sentido, explica lo que ocurre y actúa con coherencia, aunque el hombre en su dimensión trascendente sea más grande que las ciencias, creencias e ideologías que pretenden explicarlo. Es nuestra naturaleza divina, a Dios pertenecemos y en él estamos entrelazados; llámalo como quieras. Y sé que si estás leyendo esto llegó el momento de darte algunas respuestas que están listas para ser respondidas. ¿Qué estás esperando?




Magnifica reflexión amiga! A veces no nos detenemos a buscarnos, escudriñarnos , respondernos, amarnos,perdonarnos. Esta llamada de atención, este stop es necesario ,gracias por el llamado!❤️