
DESPEGA DE TU CRISIS DE LIDERAZGO. Parte I
- gildayanes.ofc

- 17 sept 2020
- 8 min de lectura
PARTE I. DESARROLLA TU INTELIGENCIA ESPIRITUAL
Esta cuarentena ha forzado tu apertura hacia la transformación personal y nuevas formas de liderazgo, descubriendo espacios para crecer y resolver asuntos emocionales, éticos y morales pendientes. ¿Cómo salir victorioso, con la presión que las expectativas sobre ti tienen posiblemente tu familia, tus equipos de trabajo, las organizaciones que hacen vida en tu sector laboral, el país, y la más significativa de todas, las tuyas, sobre tu propio éxito y capacidad?. Te propongo una visión del más antiguo y nuevo liderazgo personal y organizacional a la luz de la logoterapia, la inteligencia espiritual y algunas virtudes de Cristo transmitidas como conocimiento a lo largo de la historia.
En esta Parte I del artículo, conversaremos sobre la base que fundamenta mi propuesta para incorporar de manera consciente la inteligencia espiritual en tu rol de líder, considerando algunas características, para que tú mismo revises como te encuentras en este sentido.
En la Parte II, te planteo las virtudes de Cristo como modelo de liderazgo; aquí te propongo contemplar a distancia tus acciones y actitudes a la luz de lo que algunos estudiosos de los testimonios escritos sobre Jesucristo, han considerado como competencias de un excelente líder, guía, constructor y transformador de vidas, tomando lo que te sirva para evolucionar y adaptarte a los nuevos tiempos desde una antigua tradición.
EL LIDERAZGO AL SERVICIO DEL BIEN COMÚN
Robin S. Sharma autor de varios libros como “El monje que vendió su Ferrari”, dice: “El liderazgo es una filosofía, una actitud, un estado de la mente, una forma de funcionar. Y es algo que está al alcance de todos al margen del lugar que ocupes en una organización.”
A esta definición, agrego que requiere un compromiso intencionado por desarrollar un alto nivel de conciencia acerca de quién es el líder como persona, su misión en la vida en el ejercicio de su libertad y de la responsabilidad que esto implica cuando toma sus decisiones.
El liderazgo es propio de todo ser humano por naturaleza y se ejerce a cada instante, en cada elección; más, en las organizaciones, tiene una connotación especial. El líder está allí para cambiar, promover y ofrecer bienestar a las vidas de sus clientes, colaboradores y asociados.
Así que en este espacio hablaremos del líder de un sistema organizacional, en el cual sus habilidades de auto liderazgo están implicadas; lo que no practicas contigo, es difícil por no decir, poco probable, que puedas aplicarlo con los demás, en el sentido ético más primario: el cuidado y expansión de la vida.
El liderazgo tiene un sentido y un modo ético que garantiza en su ejercicio el logro de metas, el desarrollo, la expectativa de perpetuar el bien logrado y, por otro lado, da relevancia a la forma como esto se hace. Así, el resultado de ejercer el liderazgo conduce al perfeccionamiento personal e igualmente al bien común como una moneda de dos caras. En términos cuánticos, el bienestar es extensible a todo lo que existe, existirá y a la transformación de la conciencia colectiva de la especie humana; hecho muy comprometedor y trascendente. En este sentido, parafraseo las palabras de una gran amiga: “todos quieren ser jefes, pero pocos son líderes"
LIDERAR ES UN MANDATO NATURAL CUYO FIN ES LA SUPERVIVENCIA
Estos procesos los decodificamos y guardamos en la corteza cerebral, donde radican las funciones más actualizadas como el lenguaje, habilidades de pensamiento y conexión con todo lo que nos rodea, aportando y modificando el inconsciente colectivo, legado para el futuro; por eso es muy importante lo que el líder dice y su coherencia con lo que piensa, siente, tiene como intención y mueve en sus colaboradores; es energía creadora de realidades en acción.
Por otro lado, para el ser humano, cada acción realizada es catalogada en la mente como la mejor opción posible para lograr los objetivos propuestos, el bien mayor, así sea vista por grupos de interés diferentes como insuficiente. aprendemos y aplicamos y aplicando, aprendemos, desarrollando y validando nuestras competencias.
Ahora, en su mente, desde el cerebro reptil y el sistema límbico, también se activan rápidamente de manera perfecta la memoria emocional, los medios y fines para la supervivencia, a fin de lograr en el desempeño esperado el mayor estado de placer posible, bienestar y ganancias, con el mínimo esfuerzo y gasto de energía.
Son pulsiones o instintos, que en este momento de crisis y cambio social interesa evaluar su presencia y cómo lo hacen; la reacción típica es la resistencia a sufrir o a cambiar los hábitos pues en el inconsciente se enciende la alerta de “peligro” y su consecuente apego a lo seguro y conocido. Un líder, conociendo este esquema de pensamiento general y cómo actúa en él, puede lidiar con mayor inteligencia sus cambios de mapas mentales y las acciones correspondientes.
De esta forma, los líderes, desde el ámbito más pequeño y privado hasta el mundial, responden a esta pulsión y tensión natural de transformación para garantizar la vida, ejerciendo el poder de renovar su realidad interna y externa, valiéndose de todo lo que tienen, lo que puedan crear y reaprender. Cada quien se cuenta su propia historia, la comparte y convence a otros para sumar fuerzas y lograr lo deseado, movido por las emociones que más hayan acompañado sus memorias experienciales: desde el amor al odio y separación, de la construcción a la destrucción, con ánimos de perpetuidad o de acabar con ciertas realidades no deseadas.

LA TENDENCIA NATURAL NO SIEMPRE ES CONSTRUCTIVA
Así, tenemos otra imagen contraria al liderazgo inicialmente propuesto al inicio de este artículo, menos romántica y muy actualizada, donde es válido matar para conseguir el sustento, ofender a un colaborador para que logre o sobrepase la meta del día; llegar lo más temprano posible al trabajo, irse de último y no descansar para “dar el ejemplo” de control gerencial; dejar sin trabajo a cientos de trabajadores, cerrar empresas sin compensación y plan alternativo, para proteger la inversión o un proyecto de país; golpear a un hijo para que obedezca “por su bien” y “no se pierda”.
Son acciones que, desde la perspectiva del liderazgo más reptil y defensivo, se plantean como sacrificios necesarios a fin de lograr un “bien mayor”; cabe la frase: “el fin justifica los medios”.
En este sentido, si destinas todas tus fuerzas para hacer muy bien el mal y tienes la justificación de la recompensa, en tu mente estará “muy bien hecho”; siempre habrá un beneficio para un grupo específico. Si, al contrario, lo haces desde la coherencia del bien, para lograr el desarrollo, expansión y felicidad de muchos, también será concebido como un excelente liderazgo, pues su fruto será la consecuencia de la intención.
En ambos casos, desde los mecanismos inconscientes de protección, toda acción es llevada a cabo con un argumento válido considerado “bueno”.
De aquí, podemos decir que todo liderazgo maneja un discurso o narrativa que obedece a lo que el líder concibe como naturaleza, uso y fin de lo existente, incluido él mismo como ser humano; su propia cosmovisión; le otorga un valor y su propio significado. Los valores generados se convierten en el marco y principios para su acción transformadora y creadora. Así, entre el amor y el odio, se hacen presentes en los líderes con sus respectivos estilos, sus causas y colaboradores, muchas perspectivas y propuestas diferentes de la misma “realidad”, todas justificadas, tanto heredadas como aprendidas e innovadas.
LA OPORTUNIDAD DE UN LIDERAZGO MAS HUMANO
En este marco que te acabo de ofrecer, ¿cuál estilo de liderazgo crees que te exige este nuevo ciclo de vida? ¿Puedes desarrollar alguno que te permita integrar todas tus capacidades humanas para asumir el reto de vivir aquí y ahora en este siglo XXI, durante y después de esta pandemia, sanar las heridas de tus antiguos liderazgos y realzar tus buenas prácticas?
Siendo líder en el hogar, tu comunidad o en tu trabajo, estas preguntas son para ti; también, porque eres líder y responsable de tu vida.
Desde una conversación íntima, te invito a cuestionarte: ¿cuál es el estilo de liderazgo que ejerces en este momento, para qué lo haces, cuáles valores justificas y cómo los defines? ¿cuáles realmente se ven en tus acciones?. Otras preguntas importantes: ¿cuál es el resultado de tu liderazgo en tu entorno laboral, familiar, social, en tu percepción de ti mismo? ¿Cuál es el mundo que visualizas cuando te mueves en ese estilo de liderazgo? ¿Puedes dormir con esa visión, prácticas e impacto y con cuál emocionalidad te levantas para seguir ejerciendo el poder de esa manera?
En mi opinión, pienso que es oportuno volver a percibir nuestra humanidad desde su naturaleza integrada: cuerpo, mente y el espíritu como fuerza vital creadora, en el marco trascendente del entorno social y el legado a la humanidad. También, profundizar en el sentido que tiene este período histórico, ¿qué nos pide aprender para evolucionar y heredar a las futuras generaciones?.
Después que nos vimos desde el miedo, sobreviviendo a las catástrofes desde el “nivel cero”, con grandes pérdidas, desprotegidos, nos centramos en acumular cosas y conocimiento, esforzándonos por minimizar los daños y riesgos, para permanecer vivos a largo plazo. El liderazgo ejercido en este sentido, se ha mantenido como herencia de control, incluso desmedido, descuidando la protección que el mismo líder requiere dirigir hacia sí mismo, al asumirse equivocadamente como un eslabón más de una cadena productiva con cuidados mínimos.
Especialmente en este lado del mundo, occidente, se fueron limitando las conversaciones sobre los temas existenciales: quienes somos, el sentido de existir, trascendencia y realización humanas, la plenitud y la felicidad, la unidad sistémica de la vida existente en el planeta, entre otros. Esto se dejó para la casa, la iglesia, los discursos de fin de año, cumpleaños, muertes, aniversarios de la compañía, con riesgo de mostrar vulnerabilidad en las conversaciones y perder el respeto y la imagen de poder.
Diría metafóricamente, relegando a nuestro holístico hemisferio derecho y desoyendo al corazón. Lo asumas o no, ninguna dimensión humana es menos que la otra y las crisis se asoman cuando no hay equilibrio entre ellas. Este desajuste inicia en la vida que genera a la persona y se contagia a la sociedad, cuando nos comunicamos y actuamos.
Después, no atinamos a contener en los momentos de incertidumbre como éste el aumento de suicidios, depresiones, ataques de pánico, femicidios, aumento del consumo de drogas y otras evasiones y neurosis. Las películas que nos muestran el fin del mundo o historias de personas resilientes, son una válvula de escape en este proceso de negación de quienes somos en realidad. Es una forma de acallar la conciencia, dedicando un rato a tener dilemas filosóficos sobre la propia vida a través de otros, sin que signifique un compromiso emocional y espiritual profundo, un vuelco en la dinámica ordinaria y sentirse en peligro, viviendo un cambio de paradigma existencial. Hora y media de película es suficiente. Le damos al alma un pequeño bocado de alimento para que se quede quieta y no moleste mucho.
UN LIDER SE EXAMINA Y SE SUPERA A SÍ MISMO
Estas posturas limitantes ante la vida pueden crear división, negación y ceguera interna acerca de quién eres y el sentido de tu rol como líder. Puede impulsarte a la búsqueda incesante y compensatoria de productos, personas, sensaciones o poderes diferentes, que llenan tus vacíos en la imposibilidad de ser feliz; inclusive, en este trabajo, donde haces lo que te gusta y detentas el poder, después de haber trabajado tanto para lograrlo. Hay un gran “sin sentido” en tu rol de líder, en “hacer para tener” o “hacer por hacer”; y no encontrarás respuesta a menos que seas honesto contigo mismo.
De este tema seguiremos conversando en la Parte II del artículo cuando demos la propuesta de las virtudes de Cristo para el liderazgo. Por ahora, te dejo un cuadro con competencias del líder con inteligencia espiritual, que te sirve como test para orientar tu reflexión acerca de algunas de tus cualidades o competencias espirituales actuales desarrolladas o por desarrollar. Espero que te refuercen e inspiren para brindarle al mundo un liderazgo más humano y te des la oportunidad de ser feliz en cualquier circunstancia, especialmente en estos tiempos tan interesantes.





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