AGRADECER Y ALGO MÁS
- gildayanes.ofc

- 31 dic 2023
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No sé si es porque cumplí sesenta y mi psicología cambió o también mi cuerpo y mis ganas por la vida, pero este año pasó volando. Lo percibí menos lineal, más retador e interesante, lleno de encrucijadas y acertijos que me exigieron más desnudez y entrega en el presente, la conciencia de nadar con la sensación de morir entre las aguas revueltas y la exhibición heroica y simple de mi armadura oxidada, como la del caballero del cuento. También se abrió el hambre por vivir sueños olvidados o desvalorizados y una vida menos enredada y estimulante.
Siendo final de año, tiempo en el que psicológicamente estamos programados para apreciarlo como cierre de un ciclo e inicio de otro, encuentro pertinente hablar de lo que significa agradecer, desde lo que he percibido de mi vida este año y compartir algunas reflexiones. Aunque sin duda, cada día, cada unidad de tiempo que tomamos como referencia, es principio y fin de ciclos, que incluso pasan desapercibidos para nuestra conciencia.
La RAE dice del término agradecer respecto a una cosa: “corresponder al trabajo empleado en conservarla o mejorarla” y es sinónimo de reconocer. Así que puedo extrapolar esta palabra hacia las personas como antónimo para hacer resonancia en ti: dejar de ver, desvalorizar, abandonar, descuidar, detenerse en el tiempo, dejarlo de ese tamaño, empeorar, entre otros. Puede ser que se te ocurran algunos más. ¿Cuánto de esto te has hecho este año?.
¿Puedes amar lo que no conocer y admiras?
Así que, agradecer, se convierte en actos asociados, interrelacionados, que culminan en un significado complejo. Si no te detienes con frecuencia para mirarte, no te reconoces, te valoras, te cuidas y perfeccionas, no estás agradeciendo tu vida y en el fondo, no estás amándola en su particular expresión. ¿Puedes amar lo que no conoces y admiras?. Porque aquello que miramos y cuidamos desde el amor, como es, nos importa; y la frecuencia de esa mirada y cuido crea ese amor.
En el otro extremo, aquello que nos importa mucho, pero nos duele y no aceptamos, lo dejamos de ver, lo desvalorizamos y abandonamos, pretendiendo no seguir heridos. Un escape mentiroso que nos deteriora en el tiempo y nos dirige a la autoagresión, a la desconexión íntima.
Esto mismo ocurre en tu relación con los demás. Por eso le doy mucho sentido a lo que está en el evangelio según San Marcos (Mc 12, 31): “… Amarás a tu prójimo como a ti mismo…”. No esta escrito al contrario: Te amarás a ti mismo como a tu prójimo. Así que tiene sentido que la experiencia de amar más inmediata en la adultez, sea primero con quien más cercanamente convives: tú mismo, para desarrollar la práctica requerida en tu relación con los demás y tener más éxito en el conocimiento y disfrute del amor. Son nuestros primeros pasos para saborearlo de cerca cuando nos despegamos del concepto elaborado por la proyección de nuestros padres y cuidadores. Es nuestra responsabilidad adulta.
"No importa cómo haya sido su presencia y sus accidentes; el otro sigue siendo un valor referencial que te deja su huella para evolucionar, crecer, mejorar..."
Por eso, iniciar por mirarte, reconocerte y todo lo demás, deriva en el agradecimiento por tu propia vida, y en consecuencia, la de los otros en ella. No importa cómo haya sido su presencia y sus accidentes; el otro sigue siendo un valor referencial que te deja su huella para evolucionar, crecer, mejorar, como lo he extrapolado de la palabra agradecimiento.
También en la primera carta de San Juan capítulo 4, versículo 21, habla de “… quien ama a Dios, ame también a su hermano.” (I J 4, 21). Así que, si amarte es paso primario para amar a tu hermano y para hacer esto último requerimos primero mirar y amar a Dios, entiendo que primero que tú, está Él como referente del amor por ti mismo. Jesús vino a eso, entre tantos misterios; vino a mostrar cómo se hace desde nuestra humanidad; desde la influencia de nuestra corporeidad, de nuestro mundo emocional, desde nuestras creencias y valores, desde tu nivel de conciencia.
Así que somos en Dios puro amor, si nos miramos en Él, desde Él y con Él. Nos reconocemos, nos apreciamos, valoramos, agradecemos toda nuestra vida en la perfección de la existencia tal y como la experimentamos. No importa el dolor y la carencia percibida como incompletitud o deformación de nuestro ser. Importa el sentido, la coherencia y la obra acabada que somos en cada tiempo y a su vez en permanente construcción, que concisamente lleva a estados perfectamente imperfectos; es el camino auténtico que somos, tal y como somos especialmente.
Así como Jesús es el camino, la verdad y la vida, si somos semejanza de Él, sanamente podemos apreciar lo mismo en nosotros: somos un camino que transitamos durante la vida, con una verdad particular y cambiante en búsqueda de “la verdad” de nuestra existencia, de nuestro sentido, queriendo mirarnos todo el tiempo en ese gran amor, con “A” mayúscula, no importa cómo lo hagamos y el tiempo utilizado, es nuestra esencia y nuestro norte. Anhelamos mirarlo y ser tocados por los otros en él. Por eso nos separamos cuando no lo percibimos o comprendemos.
Cada piedra, barrera, compañía y soledad; cada río que fluye y vía tortuosa, cada tormenta y lago de paz, tiene su propio y adecuado lugar en la imperfección perfecta de nuestro ser particular, en el más grande amor. Entonces, cobra sentido nuestra mirada respetuosa, la aceptación y las acciones consecuentes que se fundan en lo experimentado, en lo aprendido y valorado para evolucionar, para seguir hacia el gran amor lo más cerca posible; lo vemos cuando nos realizamos, fluimos con la vida y nos abrimos a relaciones sanas con los demás, entre otras experiencias profundas.
Para algunos, es una carrera inconsciente; y en esos momentos, no vemos que es primordial detenerse para poder mirar, mirarnos. En otros tiempos, el gran amor nos invita a detenernos para poder hacerlo y en algunas personas y momentos es necesario que sea con un aviso contundente, que puede parecer hasta peligroso. Porque los acelerados y obnubilados requerimos vallas publicitarias más grandes y muchas luces para lograr ver los avisos.
También estos momentos son un espacio luminoso. Es nuestra alma resonando con el gran amor enviando señales al cuerpo, a la mente, al corazón. Y nos detiene una crisis existencial, de valores; una enfermedad, un desajuste mental, social o emocional; lo necesario para conectarnos de nuevo y no perder nuestro fin como personas: amarnos, amar al otro, fundirnos y abandonarnos con confianza en ese gran amor que nos ha dado la existencia, aunque el miedo quiera estar en la fiesta.
"En cada detalle, en cada pedazo de historia y posibilidad está presente el milagro."
Si aceptamos la experiencia, agradecemos los tesoros ganados; como en los videojuegos, que nos develan posibilidades. Se nos abren los ojos para encontrar el amor en ese camino especial: nuestra vida, ese don y milagro maravilloso de Dios. En cada detalle, en cada pedazo de historia y posibilidad está presente el milagro. El miedo se diluye y aumenta la paz, la fe, la confianza. Dice Juan en su primera carta que “En el amor no cabe el temor, antes bien, el amor desaloja el temor…” (IJ 4, 18).
Así que, querido lector, deseo para ti, en este nuevo año 2024, que hoy te detengas y mires. A ti, a quienes han aportado a tu vida, sea como sea; porque nada se escapa del hilo perfecto que te construye desde dentro, desde fuera; estás sostenido y además en grupo, lo veas, lo creas o no. No has sido quien creó tu vida; la vida misma que es la fuerza de Dios te ha creado. Y esto es incuestionable. Todo es importante, pues son dones, apreciados como algo más o algo menos según tu mirada; aquí cobra sentido agradecer. También la compasión y el respeto por la forma como luchaste, asumiste y abandonaste, integrándose perfectamente para hacerte quién eres y llevarte a dónde estás.
Date cuenta, por los resultados en tu vida, que ha habido permanentes milagros patentes que revelan mensajes del sumo amor, para conducirte a donde tu alma anhela, hacia Él, la paz del espíritu, el descanso de tu mente, la sanidad de tu corazón, el consuelo de tu cuerpo con sus años y condiciones especiales. El resto, han sido las piedras, muros y vacíos que tú mismo has puesto; producto de tus miedos, contrarios al amor. Sin embargo, atravesándolos, Dios inspira pensamientos, sentimientos, mueve almas y muchas otras cosas para que prosigas hacia Él.
Está bien. Haz tus renuncias y decide tomar lo que es tuyo por herencia trascendente; escribe tus agradecimientos, tus planes. Trabaja para hacerlos realidad si son fruto de tus propios sueños. Aprecia cada tiempo en este camino. Y sobre todo no olvides: no estás incompleto ni echado a perder, porque quien te hizo no puede crear una obra maltrecha. Eres un milagro de bien y amor hecho vida y el sumo amor es perfecto. Mírate a su imagen y semejanza y la esperanza, la alegría, la fe, conducirán tu ser hasta en el tiempo más obscuro, mientras te perfeccionas y preparas en esta vida para la mejor y el reencuentro total. Siempre está la luz. Solo detente, reconócela, valórala, haz el camino consciente de amar. Sorpréndete con su magnificencia. Está dentro de ti.
Feliz año nuevo 2024.




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