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Heridas de Guerra

  • Foto del escritor: gildayanes.ofc
    gildayanes.ofc
  • 16 mar 2020
  • 5 min de lectura

Actualizado: 27 abr 2020





DIALOGANDO CON TU DOLOR


Dicen que el tiempo sana toda herida. Y te podrás preguntar: ¿Cuánto tiempo se necesita? ¿Cuál de las heridas? ¿para todo el mundo?. porque tal vez algunas de las tuyas están todavía “calientes” como si fuera hace treinta años… como el primer día.

Puede ser que te de vergüenza reconocerlo, incluso delante de algunos amigos íntimos o tus familiares. Pero en privado, cuando ves una película, escuchas una voz antigua o una canción, se dispara en tu interior una llamarada que te ahoga, acelera tu corazón queriendo huir, pone tus manos frías y te invita a abrir la boca, apretando tu garganta hasta dolerte ese llanto angustioso, como recordatorio de que todavía sigue allí, como ayer.

Y me preguntarás: ¿pasa algo malo conmigo que no lo puedo olvidar, que me duele como el primer día y no me permite ser completamente feliz? Puedo responderte de inmediato sin haber hecho análisis alguno con algo obvio: “esa herida de guerra está ahora solo en tu cabeza” y gracias a ella eres quién eres, y está bien, pues para ti tiene un sentido que, con un acompañamiento respetuoso, ciertas herramientas y momentos de introspección, puedes reconocer y trabajar. Y también te digo, “eres tú la que decides alimentarla” aunque sea de manera inconsciente.

En este momento, si quieres, esa huella originaria puede desaparecer de tu mente pues en el ámbito físico ya no está. Cada persona la siente de manera única y diferente por su código e información genética que comparte con su árbol familiar, por su temperamento y carácter, biología, nivel de conciencia de sí mismo, su historia particular percibida de una manera especial, por su alma que se retroalimenta con su propia energía emocional e intencional.

Esto te programa para seguir reaccionando de la misma manera, crea conexiones neuronales en tu cerebro, reforzadas por tus pensamientos, emociones y reacciones, enfocándote así en lo que te perturba cada vez que hay un estímulo y recibiendo de tu entorno respuestas que tu misma has generado sin conciencia, confirmando tu visión de las cosas, para generar de nuevo los mismos sentimientos, reacciones físicas y los mismos resultados. Una historia de nunca acabar, ¡hasta que tú lo decidas!. Esto incluye condiciones en nuestra vida, cuerpo o mente que transforman para siempre nuestra naturaleza y forma de vivir como por ejemplo una enfermedad, accidente o muertes.

Esto por supuesto, nos pasa a todos. Si fuéramos honestos y compartiéramos nuestras heridas como algo totalmente normal, te aseguro que no durarían tanto ni serían tan escandalosas en nuestra emocionalidad. Serían asumidas como lo que son: parte del proceso de conocimiento de nosotros mismos, aprendizaje y adaptación al entorno, con el cual nos familiarizamos inicialmente a través de nuestros padres, desde el vientre de la madre, e incluso antes. Los procesos de sanación serían normales como aprender a caminar y no exclusividad notable de los “influencers”. Si miramos detenidamente, ellos simplemente se dieron el permiso de naturalizar sus caídas o aprendizajes y las de otros, con las cuales salieron heridos. Incluso, mostrando tal vez condiciones que socialmente no serían tan aceptables en el entorno social como una ventaja, justamente por su particularidad.

Tengo una hija que es bailarina y otra violinista; y recuerdo claramente el día en que nos mostraron felices a su papá y a mí, sus primeras “heridas de guerra”. Eran grandes puntos de sangre, roturas de piel y deformación de las falanges; una en sus pies, la otra en sus manos y mentón. Era el paso más próximo anterior al cayo que debía formarse en todo aquél que pertenecía a las exquisitas tribus de los bailarines y violinistas profesionales. Fue tan grande el significado de estos momentos que debimos celebrar la ocasión especial en familia, tomar fotos y compartir las noticias con familiares y amigos cercanos, cada una en su momento. Benditos sean los niños que nos enseñan a amar nuestras heridas.

Lo que te quiero decir con esto es que ningún ser humano es exclusivamente impactado por un acto o por una condición especial de manera única. Siempre habrá alguien más a quien le haya pasado. Solo lo percibe así porque su estructura mental actúa como un filtro para que sea de esa manera. Es una acción creada por la mente dirigida a la supervivencia y a la protección de posteriores eventos de naturaleza semejante.

Por esta razón, es tan sanador incluirse en grupos o asociaciones con otras personas que han vivido lo mismo. Esto constituye también un mecanismo de nuestra especie para sobrevivir. Por eso, cuando nos sentimos dolidos es importante comunicarlo y compartirlo con otras personas que sepan del tema o lo hayan experimentado. Encontrarás diversos niveles y formas de enfoque y enfrentamiento y así podrás tener un abanico de posibilidades para encontrar tu propia forma de superarlo. Cosa que sería más difícil si te aislas. Esto también genera seguridad en el proceso y sensación de poder y dominio de ti mismo sin llegar a la prepotencia del ego herido, sobre todo cuando ayudas a otros que están comenzando a recorrer el camino.



Así, que está en tus manos hacerte preguntas inteligentes que estimulen tu razonamiento y provoquen la salida de emociones para ser observadas, puestas contra la pared para drenarlas e interrogarlas, reconocerlas, agradecerlas, ubicarlas en su lugar y tiempo e integrándolas como fortalezas. Por ejemplo: ¿Realmente está pasando de nuevo? ¿De qué me sirve sentirme de esta manera? ¿Qué busco con esto? ¿Cuáles son las emociones que fluyen en mí y cuáles creencias han generado? ¿Son ciertas? ¿Estas creencias me limitan en el disfrute y en oportunidades o me abren caminos? ¿Qué me han permitido? ¿Cuánta probabilidad hay de que vuelva a ocurrir este evento de nuevo o no? ¿Realmente lo sé? ¿Puedo cambiar esto? ¿Y si no puedo que hago con él? ¿Cómo me quiero sentir, cómo quiero vivir? ¿Qué me lo impide? ¿De qué otra manera puedo protegerme sin limitar mis posibilidades y sentirme como me siento?. ¿De qué otra manera diferente puedo hacer lo que quiero hacer?

Preguntas como éstas orientan tu razón y canalizan tus emociones a un lugar más estable en tu alma y te habitúan, si te las haces cuando sea necesario, a generar tu propia forma de conocerte y guiar de manera inteligente tu propia vida. Debes saber que está bien tener crisis. No seríamos quienes somos si no las tuviésemos y justamente allí está nuestro tesoro. Nuestras “heridas de guerra” en realidad son nuestro orgullo humilde, un oxímoron que uso para recordarte que el crecimiento natural y la evolución humanas están hechas de baches y de búsquedas imparables por la superación, para experimentar de manera permanente la grandeza de nuestra alma, que es lo que nos define de forma perfecta como seres humanos. Así que ¡adelante!, y hoy amorosamente, dale gracias a tus “heridas de guerra”.


Aquí te dejo la URL de este video de Joe Dispenza: "Recableando tu vida Ep2" espero lo disfrutes. Es parte de una serie de capítulos que duran aproximadamente 20 minutos y explica de manera muy sencilla y perfecta para mi gusto cómo funciona el cerebro en este tema de las creencias y cómo reconectar nuestras neuronas para asumir conductas más saludables desde todo punto de vista: https://youtu.be/xqn4_fhIOGQ


 
 
 

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